La dinámica de los negocios es también sin duda la de la competencia. Las posiciones de los jugadores en un mercado, que suelen estar determinadas por las capacidades de ganar territorios, tienen en el vértigo actual de los negocios un elemento fundamental de su reacomodo, que hace más complejo prever desenlaces y posiciones finales.

El conocido multimillonario Carlos Slim compró este año las posiciones que AT&T tenía en su empresa América Móvil (Claro) donde un 8% se tasó en US$5.600 millones, y que tenía entre otros argumentos facilitar la compra de DirecTV por parte de AT&T. Ahora resulta que la compañía norteamericana compró por US$2.500 millones a un ferreo competidor de Claro en México (Lusacell), lo que le permite crear la red más importante de telefonía en América del Norte con 400 millones de usuarios.

Pero las movidas asociadas a Slim no se quedaron allí. Al margen de anuncios de expropiación de activos suyos en Panamá, la importante constructora española FCC, controlada por Esther Koplowitz, anunció que el mexicano es ahora quien tiene la exclusividad para negociar una capitalización de la firma, luego de que se enredara un acuerdo con George Soros.

Slim podría quedar ahora como socio de una de las más importantes constructoras europeas por cuenta de la necesidad de ésta de cumplir con una deuda de US$1.000 millones con BBVA y Banquia, tras las pérdidas acumuladas en los últimos períodos. Slim, que en México participa en cementos y prefabricados, ahora pudiera ser un actor con posiciones globales en el mundo de la construcción.

Estas movidas con un solo protagonista muestran no sólo que el mundo de los negocios está en reacomodo constante, también que su empresa puede terminar con el competidor menos esperado y más poderoso al otro lado de la calle.

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