Bajo esa premisa se debería abordar la casi desaparición del negocio de telefonía celular de Microsoft, luego de haber desembolsado casi US$10.000 millones para comprárselo a Nokia y usar una cifra similar para hacer ajustes, despidos y pagar indemnizaciones.

Los teléfonos inteligentes con Windows ya no alcanzan ni siquiera el 1% de la totalidad del mercado y eso ratifica que Microsoft no encuentra hasta ahora el camino para participar en el negocio que hace crecer a muchos de sus rivales históricos y emergentes. Sería fácil hablar del costo de la arrogancia o del éxito, pero hay muchos más elementos involucrados.

El primer elemento que subyace tras la incapacidad de Microsoft para participar exitosamente en el negocio de telefonía es la decisión de usar fórmulas del pasado para interpretar el presente. Windows fue sin duda una revolución y logró un monopolio con una temporalidad extendida, que pocos productos han logrado en la historia. Sin embargo, ese dominio no dependía exclusivamente de ellos, sino de la operación de todo un ecosistema llamado computador personal y que Microsoft había sido el mejor en interpretarlo.

Si se mira la estrategia de Apple o de Google en movilidad, ninguna de las dos compañías trató de interpretar ese nuevo mundo con lo que hacían en el pasado. Apple no buscó que un teléfono reflejara las capacidades de sus computadores y Google no puso su buscador en el centro de su sistema operativo Android, donde le valió más aprender de la gratuidad como componente del modelo de negocio, que de complejos algoritmos de búsqueda.

Pero Microsoft no sólo se equivocó en la visual del nuevo ecosistema, también en la posibilidad de escalar en el mismo a partir de adquisiciones. Comprar a Nokia fue como profundizar su visión limitada del negocio de móviles, pues esta compañía precisamente estaba en venta porque tampoco logró interpretar las nuevas reglas del negocio. En últimas, fusionaron su brillante pasado.

Hoy Microsoft se la juega a que su negocio de móviles se nutra de las compañías que usan Windows y buscan que los móviles de sus empleados se conecten adecuadamente a las empresas para gestionar temas de trabajo. La estrategia nuevamente resulta coherente desde lo que la compañía es históricamente,  pero también ahora es limitada en su visión de lo que sucede en su entorno. Los teléfonos inteligentes son interfaces de consumo de contenido y no de producción;  y más que la conexión con la empresa, para los empleados de hoy pueden ser el punto de escape de la misma.